Un mes atrás o un poco más, antes de las elecciones estoy seguro. Nos acercamos a la plaza de las Tres Culturas. Se encontraba sola, fría, y con la amenaza de una mañana lluviosa. Todo eso acentuaba el recuerdo de los importantes sucesos que han pasado en esta plaza, alguna vez, una ciudad.
Al caminar por la plaza leí sobre un mármol: "El 13 de Agosto de 1521, heroicamente defendido por Cuauhtémoc, cayó Tlatelolco en poder de Hernán Cortés. No fue ni triunfo ni derrota, fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que es el México de hoy."
Frase que volvió a mí el pasado lunes 13 de agosto, aniversario de la caída de Tenochtitlán. Caída de los últimos Mexicas en resistencia, en especifico resguardados en Tlatelolco.
No olvidamos las atrocidades cometidas, el pensamiento medieval de muchos de los conquistadores. Pero en contraste, celebramos el inicio de la transformación a lo que somos hoy. El mestizaje de dos grandes culturas.
De ahí el comienzo de la cocina que hoy es patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Cocina que representa nuestra personalidad como pueblo, cocina que nos une e identifica. Que de la mano de otros ámbitos como el lenguaje, la música, el vestido, entre varios, ayudaron a formar desde entonces ese concepto tan subjetivo al que le llaman Nacionalismo.
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